martes, 21 de abril de 2015

SOY EL CORAZÓN DE UNA PERRITA MIMADA A MEDIA NOCHE EN RÍO



Perro es sustantivo de buena compañía.
Foto: Acervo personal 
No conseguí llegar a mi destino final, la boca del perro andaluz, perro que se durmió en la punta de una aguja enterrada en su ano sin darse cuenta. Los únicos que me devoraron fueron los mosquitos, había cuatro personas mirándome entre ellos dos marihuaneros con hambre de mi cajita de pizza de calabresa con queso catupiry, yo me hacia la pendeja con esta situación. Marque a mi madre para saber si mi teléfono funcionada, el perro andaluz no me contestaba, le mande un te amo provechando la situación ella me respondió asustada ¿estás bien hija? no coño, no estoy bien, me habían dejado fuera de un predio mientras esperaba que me respondieran el whatsapp con la dirección y el número del apartamento, pero claramente no respondí eso a mamá me daba vergüenza que supiera que su inteligente hija estaba afuera esperando por ser recibida. Pensé lo peor, pensé que el perro andaluz me estaba mirando desde una ventana mientras se reía de mí, y yo esperando sentada en las escaleras de aquel predio, la gente que había en esa calle no entienda lo que hacia allí y yo tampoco, pasaron 20 minutos la pizza se enfrió, pasaron 40 minutos y yo tenía cierta acidez estomacal haciéndome una grieta, paso una hora y dije, me voy a casa. De repente no había nadie en la calle, ni taxis, ni nada, tuve un poco de miedo, pero era tanto mi dolor en aquella grieta que poco me importo, ya me había carcomido cierta parte importante de ego.

Salí a la Avenida Pasteur y le puse la mano a un taxi, un mulato muy gentil paró y me abrió la puerta, recuerdo que su taxi era de carioca da gema, entonces me senté en aquella fría silla de cuero y empecé a sollozar y así como si nada, empezó a sonar en la radio una canción de The Beatles que me hizo llorar ¿Do You Want To Know A Secret? Lloré como una perrita de esas mimadas de zona sur, hacia pucheros, mientras tanto miraba por el espejo al taxista y percibí se estaba durmiendo así que comencé a llorar más fuerte, pensé que aparte de todo iba a morir en el taxi, el taxista, la pizza de calabresa y yo, mi llanto dio resultado, despertó y me pregunto ¿por la playa o por la Barata? preferí irme por la barata para ponerle más dramatismo al asunto y pensar en aquellos predios feos de aquella importante calle. Ahí estaba yo y aquella pizza fría y triste de 1:28 AM, tenía hambre pero sabía que si me la comía me iba a doler el estómago, me iba a arder aquella llaga, aquella grieta me haría sentir peor. El tipo llego muy rápido a mi calle, llegamos a mi casa, pague y me baje el señor me deseo tres veces buena noche y que esperaba que me sintiera mejor, yo le respondo con aquellos sonidos cariocas, éh! él me sonríe con sus dientotes blancos, yo le respondo con mis colmillos a media luz. 

Mire hacia todos los lados buscando un infeliz morador de rua que quisiera comerse aquella solitaria y fría pizza de calabresa con catupiry olvidada por un perro andaluz que se había dormido en la punta de una aguja introducida fuertemente por su ano, una tarea muy simple en un barrio lleno de gente "sintecho" este turno era para una mujer muy grande, me parecía hasta sana, una negrona bien vestida durmiendo en una calle de Copacabana, ella tenía un sueño pesado, pero la desperté, coño ¿quién desprecia una pizza de calabresa a esa hora? Solo el perro andaluz haría algo así, ella se asustó, pero cuando me vio me pregunto ¿qué paso? le dije -Nada, ¿quieres esta pizza? inmediatamente abrió los ojos y yo se la entregue en la mano pidiéndole disculpas por despertarla, ella insistía que no debía pedirle perdón por eso y que gracias, pero yo estaba llorando y la señora no lo noto, lloraba como una perrita mimada y no me pregunto sobre ello, era una sentimental entregando los restos del desprecio de un perro ingrato, tenía un frío en el pecho tan delicioso, hace rato nadie me hacía sentir así de triste. Volví a mi casa y al llegar me mire al espejo, comencé a reír, sinceramente la situación fue muy cómica, solo que yo me quería sentir triste. Él perro andaluz tenía muchas explicaciones que darme, yo lo iba a perdonar y esperaría mi reparación con un enorme helado de vainilla.


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